La coloco en su sitio y llega la decepción de haber conseguido aquello que parecía imposible....ejercitando la paciencia se ejercita la mansedumbre, que a parte de ser un epíteto que se apuntaron los católicos a su favor....tiene un gran sentido y define a la perfección mi persona....
Os recomiendo la siguiente lectura:
Cuenta un cuento que un samurai ya anciano vivía cerca de Tokio y corría la leyenda de que no había quien lo venciera.
Cierto día, un guerreo apareció por allí; era famoso por su técnica de la provocación y quiso competir con el samurai. Los jóvenes se opusieron, pero el viejo aceptó el desafío.
Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad. El joven comenzó a insultar al anciano, le tiraba piedras y le escupió en la cara y le grito insultos; pero el viejo permaneció impasible. Durante horas hizo todo lo posible por provocarlo. Al final, el impetuoso guerrero se retiró.
Los maestros le preguntaron:
—Pudiste usar tu espada, ¿cómo soportaste tanta indignidad?
El maestro les preguntó:
—Si alguien llega ante ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?
—Al dueño del regalo, respondió uno de ellos.
—Pues los insultos, la envidia y la rabia pertenecen a quien los lleva consigo.Yo no los quiero.
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